Queridos hermanos y hermanas:

             Desde esta Palabra quiero animaros y junto a vosotros a todo el ministerio de Dios a que con el ejemplo de nuestras vidas podamos decir a todos los hombres, a los que creen primero, que somos capaces de vivir con autenticidad y entrega a la vida según Dios en nosotros. Esa vida de Dios que se ha manifestado en el Mesías, esa vida de Dios que hemos acogido por una decisión y reafirmada en nuestro bautismo, es la vida que nos hace crecer en muchas dimensiones hondas y profundas. Este camino de vida capacita al ser humano para transformar el mundo, a quienes aún no han podido creer podamos nosotros ser capaces de hacerles creer incluso poderles decir que abran sus vidas a la plenitud de la vida, que es El Eterno y su palabra, sin miedos. Dios no rompe pero si restaura, Dios no destruye pero si edifica, Dios no limita pero si dirige, Dios no quita libertad; Dios ofrece la verdadera libertad.

Pedir al Eterno, nuestro Dios, que seamos capaces de comunicar a quienes no creen que el “SÍ” al Creador de todas las cosas es el desafío mas grande que tiene el ser humano para vivir verdaderamente una vida en plenitud.

Hermanos, tenemos que ser capaces de predicar en este mundo un “NO” a la muerte y un “SÍ” a la vida. Decir “NO” al ataque de la muerte que, a menudo, se presenta con aires y con máscaras de vida, pero que destruye la vida. Cuántos enfrentamientos, cuántas situaciones que, ciertamente, no hacen feliz al ser humano, cuántos proyectos que se nos presentan en todos los órdenes de la vida para dar vida y, sin embargo, son proyectos de muerte que descartan a unos para poner a otros, enfrentan a unos con los otros...

En el Señor, descubrimos algo distinto y la humanidad está expectante. Su palabra y su mensaje nos manifiestan claramente la expectación.


El pueblo de Israel estaba expectante, porque todo ser humano necesita salvación, necesita dirección, necesita vida, necesita proyectos. Pero proyectos que no destruyan, proyectos que nos unan. Como el pueblo de Israel lo ha experimentado y sigue esperando a su redentor, esta humanidad está expectante.

 

Decirle a la humanidad que el que viene puede más que nosotros, que no merecemos siquiera desatarle sus sandalias, que viene el Poderoso de Israel. Decirle que Él está encima de nosotros y a Él nos hemos abierto para vivir una vida en abundancia. Ser capaces de decirle que su poder obra en nuestras vidas para paz, humildad, servicio y gozo y que el temor nos ha abandonado porque confiamos plenamente en su fidelidad.

 

ELLA, LA HUMANIDAD, ESTA EXPECTANTE. ¿Y TÚ?.....HÁGASE PRONTA ESTA RESPUESTA EN NUESTRAS VIDAS.         

 

PR. SHAI SHEMER
Boletín nº 2