El pan ácimo, la MATZÁ, de nuestra alma
y de nuestro corazón

 

 

Estamos en tiempo de primavera, mes de AVIV, en lengua hebrea. Ya el libro de Éxodo nos instruye en su capítulo 12 que este será el principio de los meses. Es este el mes en que la tierra descubre todo lo que el invierno con su gélido clima encierra, los árboles florecen y preparan sus ramas para los frutos que darán en su tiempo. El Eterno, nuestro Dios, ha escogido estas condiciones y este tiempo para sacar a su pueblo, Israel, con brazo fuerte y mano extendida de una esclavitud física y espiritual en donde las almas, junto al corazón de cada uno de ellos, sucumbían leudándose poco a poco.

 

En este rescate para la libertad, para ser un pueblo libre en servicio y obediencia, se les indica salir de Egipto con el pan cocido al sol y sin leudar, pan ácimo, MATZÁ.

La Matzá tiene muchos aspectos. Es el "pan de la aflicción", el pan del hombre pobre, comido por esclavos. También es el pan de la liberación y la libertad.

 

El pan es un alimento básico para el ser humano. La Matzá es, en este caso, el pan más básico, el alimento más simple hecho por el hombre.

 

La Matzá implica la fusión de los tres elementos más básicos que definen al hombre civilizado: grano, agua y fuego. Ningún elemento externo más allá de la harina y el agua permite definir o influenciar su forma. La Matzá está hecha de harina y agua fría, nada más.

 

Si al salir de Egipto se les hubiera permitido dejar la mezcla de harina y agua por más de 18 minutos, el proceso de fermentación habría comenzado a tener lugar. Bacterias de levadura, que se encuentran en el aire, hubieran invadido la masa, multiplicándose por millones, causando así el ya conocido proceso de fermentación.

 

Los microorganismos de levadura son como un ejército invasor no invitado, que se inmiscuye en la mezcla de harina y agua, sirviéndose una deliciosa comida de moléculas de azúcar. Mientras que los microorganismos de levadura se multiplican por billones, ellos liberan gas dióxido de carbono que fermenta la masa, provocando que se eleve y se convierta en aireada y liviana.

 

La intervención de esta fuerza externa que eleva la masa por medio de la fermentación es una expresión simbólica de la intrusión de fuerzas externas sobre el hombre.

 

Son fuerzas que desvían a las personas de sus caminos escogidos y las atraen a la confusión, al pecado, comprometiendo la libertad adquirida por gracia, la soberanía del Creador en nuestras vidas y la elección que hemos escogido para seguirle y servirle.

 

Los microorganismos de levadura comienzan su trabajo independiente de la voluntad humana, independiente de la persona que combina la harina y el agua que constituye la mezcla de la masa. La fermentación, en hebreo JAMÉTZ, representa estas fuerzas negativas. Representa la inclinación al mal, el impulso al pecado, la influencia de ideas extrañas, el poder y fuerza de los placeres de la carne. Es la voz no invitada que nos lleva a ignorar la presencia y el poder del mal, hasta que es demasiado tarde.

 

¿Cuál es la diferencia entre el JAMETZ-LEUDADO y MATZÁ-ÁCIMO? Tiempo. Nada más. Los ingredientes son los mismos. Por definición, la masa hecha de harina y agua que se deja por más de 18 minutos antes de que esté completamente horneada se convierte en JAMÉTZ.


La MATZÁ, al ser pan que no está fermentado, representa al hombre que controla sus pasiones, al dominio propio, ejercitando su independencia de estas fuerzas y la sabiduría y temor dados por Dios. La MATZÁ representa también estar en su voluntad no influenciada por fuerzas externas. La MATZÁ es lo contrario al JAMETZ.

La puerta estrecha que nuestro Señor guarda para su reino es la medida exacta para que no penetre lo leudado en la eternidad.

 

La MATZÁ es horneada rápidamente, en un esfuerzo por superar las influencias y limitaciones del tiempo. Horneando la MATZÁ recreamos el Éxodo, cuando los hijos de Israel huyeron de Egipto a toda prisa, como la santa palabra, LA TORÁ dice: "Deberán comer matzot durante siete días... pan de sufrimiento, porque habéis salido de Egipto con gran prisa". Esta orden nos enseña que el control de Dios sobre la naturaleza y la historia está por encima y más allá de los obstáculos y las limitaciones del tiempo. Dios no requiere de causa y efecto. Él no necesita tiempo para poder lograr sus objetivos. En esta celebración PÉSAJ-PASCUA, nosotros también debemos emular a Dios y ser creativos espiritualmente, aprovechando el tiempo, actuando con entusiasmo y velocidad, con fuego del ETERNO, viviendo la vida más allá del tiempo natural, en comunión con Dios, que está por encima del tiempo y es atemporal. Respondemos a la voluntad de Dios actuando en desafío con la naturaleza, rompiendo los límites impuestos por el tiempo y la naturaleza.

 

PARA QUE NUESTRA ALMA Y NUESTRO CORAZÓN, SIGAN CRECIENDO EN EL ÁCIMO DE LA VERDAD, QUE NOS HACE LIBRES PARA SOMETERNOS A SU VOLUNTAD.

LIMPIEMOS PUES LO LEUDADO Y PONGÁMONOS EN ORDEN.

PREPARA LA PALABRA EN TU VIDA, NO DEJANDO QUE LUEDE, ENTRANDO AL HORNO DE DIOS CON LA MAYOR LIGEREZA Y PONIENDO POR OBRA TODO LO APRENDIDO CON UNA MASA LIBRE DE FERMENTACIÓN, UNA AUTENTICA MATZÁ DEL ALMA Y DEL CORAZÓN.

 

BENDICIONES.

PR. SHAI SHEMER

Boletín nº 3

 

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